Hay historias que necesitan tiempo para madurar, y la relación entre República Checa y América Latina es una de ellas. Al cumplirse 20 años de la apertura de su representación oficial para la región, la Oficina de Turismo no solo celebra el pasado, sino que celebra que estas dos décadas son apenas el prólogo de una aventura mucho más ambiciosa: llevar al viajero latinoamericano a descubrir que, más allá de la majestuosa Praga, existe un país de regiones vibrantes que resuenan con identidad propia.
“Celebrar 20 años en esta región es reconocer que hemos dejado de ser visitantes para convertirnos en amigos. Hoy, nuestra misión es invitar a los viajeros de América Latina a encontrar en nuestras regiones ese espejo cultural de historias compartidas, las cuales nos unen de forma única”, comenta Petr Lutter, director de la Oficina de Turismo de República Checa para Latinoamérica.
Un destino para cada identidad
Bajo esta nueva visión, Chequia presenta una curaduría rigurosa de destinos donde cada nacionalidad encontrará una conexión profunda y auténtica, por ejemplo:
México: El arte de la historia y el misticismo. En Brno, la capital de Moravia, los mexicanos descubren una vibrante vida nocturna y una escena coctelera de clase mundial. Sin embargo, el vínculo se sella en la cripta del Monasterio de los Capuchinos, un eco histórico que dialoga con la tradición de las momias de Guanajuato. Del mismo modo, Kutná Hora y su icónico Osario de Sedlec ofrecen una perspectiva artística sobre la vida y la muerte que resuena profundamente con la cosmovisión mexicana.
Perú: La alquimia de las aguas y la tradición. El Triángulo de Spas (Karlovy Vary, Mariánské Lázně y Františkovy Lázně) ofrece una experiencia de bienestar que los peruanos reconocerán de inmediato por las aguas termales de Cajamarca, compartiendo propiedades minerales sorprendentes. Incluso en la barra, el emblemático licor Becherovka se presenta como un símbolo de orgullo botánico que, en su complejidad, busca dialogar con la nobleza del Pisco.
Chile: Entre la majestuosidad andina y la cultura del vino. Para quienes están acostumbrados a los imponentes Andes, el Parque Nacional de la Suiza Bohemia ofrece un paisaje de formaciones rocosas y naturaleza salvaje que se siente familiar y a la vez exótico. Y, como no hay Chile sin buen vino, Moravia del Sur (Pálava y Mikulov) abre sus viñedos y cavas para intercambiar conocimientos en torno a la vendimia y la excelencia vitivinícola.