La historia de la cocina azteca-mexica contempla una evolución fascinante y elocuente. Desde los recursos ecológicos encontrados en el mítico Aztlán, a través de la ruta de la peregrinación, hasta la cuenca de Tenochtitlán, que definieron en gran parte las características de una cocina llena de dinamismo cultural, cuya evolución parte de la domesticación del teozinte, del frijol, de las calabazas, de los chiles y de los quelites.
El Dr. José Luis Curiel Monteagudo es el autor del libro La cocina azteca-mexica, publicado por Editorial NUN, que narra esta evolución gastronómica prehispánica. Gracias a su investigación, en este estudio se consideran los ingredientes autóctonos indígenas, los utensilios encontrados por los arqueólogos y las explicaciones hechas a través de las crónicas tempranas.
En las instalaciones de Editorial NUN, en Ciudad de México, se llevó a cabo la presentación del libro, a cargo del autor e invitados especiales. “Es un libro sumamente atractivo para los amantes de la historia gastronómica y para la cultura prehispánica de México; no sólo desde el aspecto culinario, sino también desde un punto de vista social, étnico, biológico y tecnológico”, indicó la doctora en Biología Edelmira Linares Mazari.
El documento, de 352 páginas y seis capítulos, describe la ruta de la peregrinación azteca basada en la alimentación y cómo fueron integrando diferentes ingredientes y conocimientos para la selección, domesticación y creación de platillos, a partir de una descripción con gran detalle de las técnicas de preparación de los alimentos de aquellos tiempos.
“El libro vislumbra, por ejemplo, cómo se crearon las chinampas, el manejo integral de la milpa y los ritos relacionados con las cosechas, hasta asombrosos procesos como la nixtamalización del maíz, la creación del tlecuil o fogón, el uso de piedras para moler y el uso de elementos naturales como conchas marinas, guajes y jícaros como utensilios para contener, transportar, cocinar y servir los alimentos”, explicó Curiel Monteagudo.
Además de los aspectos técnicos, se describen las distintas costumbres de mesa y los banquetes de grupos afines como los caciques, los pochtecas o los comerciantes de la época. Como complemento indispensable, el libro incluye un recetario de platillos mexicas que no contiene ningún ingrediente llegado de fuera.
“La cocina prehispánica nunca se va a acabar; en las casas aún hay molcajetes o hasta metates y seguimos comiendo todos los días tortillas, tamales y atoles. La comida prehispánica sigue siendo la base de nuestra alimentación”, concluyó el doctor Curiel Monteagudo.
